Un pésimo hábito

“Sé impecable con tus palabras.  Habla con integridad.  Sólo dí aquello que realmente quieres decir.  Evita usar palabras para hablar en contra de ti mismo o para decir chismes acerca de los demás.  Usa el poder de tus palabras en la dirección del amor y la verdad”  Don Miguel Ruíz

Existen unas prácticas muy comunes para la mayoría de las personas, que se han convertido en un hábito, en una manera de vivir, y que aparentemente no hacen daño a nadie, pero a las cuales necesitamos prestar atención de inmediato, ya que afectan enormemente nuestra calidad de vida.   Estas prácticas, desgraciadamente  tan comunes, son el chismear, correr rumores y criticar.

En algún momento de nuestras vidas, en mayor o menor grado, todos hemos participado en estas prácticas, o hemos sido víctimas del chisme, los rumores y la crítica.  De alguna manera, aprendimos a hacerlo, tal vez desde muy pequeños, y se convirtieron en un hábito que sin saberlo, nos ha causado mucho daño, a nosotros mismos y a los demás.  El hábito de chismear, correr rumores y criticar, es demasiado dañino. Y lo peor de todo es que la mayoría de las personas ni siquiera es consciente de ello.

Por eso, a partir de hoy, te invito a que estés siempre atento(a) a este tipo de prácticas, a esta charla ociosa que creemos no hace daño a nadie, pero que en realidad hace un daño tremendo tanto a nosotros como a los demás.  Desafortunadamente, el chisme, el rumor y la crítica, forman parte de la vida de casi todas las personas en nuestra cultura.  Hay muchas personas que no tienen tema de conversación, si no están hablando de alguien (por lo regular en forma negativa), o si no están corriendo rumores (algo que no les consta, y que también generalmente es negativo), o criticando a alguna persona o situación (por no ser como ellos creen que deberían ser).

¿Y por qué son tan comunes estas prácticas?  Porque para algunos, el chisme es una manera pasivo/agresiva de lidiar con los sentimientos de envidia o celos, o las propias inseguridades y miedos.  Y para otros, el rebajar a alguien (que rara vez está presente), a través de la crítica, de alguna manera los hace sentir más importantes (baja autoestima).  Las razones por las que se chismea, se corren rumores o se critica, son muchas, sin embargo, ninguna los justifica.

Este mensaje es un recordatorio de lo fácil que es dejarnos llevar por el chisme, el rumor y la crítica inconscientes.  Desde un punto de vista espiritual, el entender que todos somos uno, significa que cuando chismeamos acerca de, o criticamos a otros, realmente nos estamos haciendo daño a nosotros mismos.  Y más allá de esta realidad espiritual, está el hecho de que cualquier persona que chismea contigo acerca de otros, puedes estar seguro(a) que también chismeará de ti con otros.  De cualquier manera, el chisme, el correr rumores y el criticar, no nos ayudan en nada para crear relaciones sanas.

Te invito a que antes de hablar, te hagas las siguientes preguntas:

  1. ¿Lo que voy a decir es verdad?  ¿Sé, sin ninguna duda, que lo que voy a repetir es exacto y verdadero, o está basado en rumores o suposiciones que yo u otros han hecho, sin conocer todos los hechos de una fuente imparcial y confiable?
  2. ¿Qué ganaré yo y todos los demás involucrados, con repetir estas palabras a otros?  ¿Lo que voy a decir es bueno para todos los involucrados, y el mundo será un mejor lugar porque yo dije esas palabras?  Si no es así, ¿por qué querría yo repetirlas?
  3. ¿Es lo que voy a decir acerca de otra persona algo que yo tendría el valor de decirlo en su cara?

Antes de hablar, nos haría bien hacer una pausa y convertirnos en testigos de nuestras propias ideas.  Te invito a usar el poder de tu palabra de una manera consciente e intencional.  No sólo porque hablar con integridad es lo correcto, sino porque el mundo necesita y merece lo mejor que podamos aportar.  Cuando chismeamos, corremos rumores o criticamos, cuando hablamos de una manera menos que impecable acerca de los demás, estamos afirmando al Universo, que escucha todas nuestras palabras, que nos sentimos separados de la totalidad de la vida, y estamos declarando nuestra propia falta de integridad.  Cuando no somos impecables con nuestras palabras, estamos participando en crear dolor y sufrimiento para nosotros  mismos y para los demás, y eso no es nuestro propósito de vida.  Cuando usamos nuestras palabras en favor de la verdad y el amor, estamos creando armonía y paz, y ese sí es nuestro propósito de vida.  Lo que pensamos y decimos importa, así es que ser  impecables con nuestras palabras me parece muy importante para empezar a crear la vida extraordinaria que deseamos tener.

Si no puedes decir algo bueno de alguien, es preferible que no digas nada.

Y a veces parece que si la gente dejara de chismear o criticar a otra persona (que casualmente nunca está presente), entonces no tendría nada de que hablar.  Si te fijas en las conversaciones de la mayoría de las personas, casi siempre están hablando (generalmente mal) de otras personas, o repitiendo rumores (también generalmente negativos), o criticando a alguien.   Y este tipo de personas podría decir que sus conversaciones (chismes, rumores o críticas) no hacen daño a nadie, pero no es así, ya que no es posible enfocarnos en algo negativo, sin que a la vez estemos creando algo negativo en nuestras propias vidas.

A todos nos es familiar el dicho de que lo que das, regresa.  También estamos familiarizados con el concepto de que cosechas lo que siembras.  Y éste es el aspecto más importante de cómo el chisme, el rumor y la crítica afectan negativamente a quienes los practican.  Si estás poniendo tu energía en estas prácticas negativas, lógicamente tus resultados serán negativos.  Deja este hábito negativo del  chisme, el rumor y la crítica.  Tu vida es demasiado valiosa como para  desperdiciarla en estas prácticas.

También te invito a cambiar la energía negativa que nos invade actualmente, siguiendo esta sencilla regla:  “No repitas nada negativo de lo que te enteres.  ¡No le des más energía a lo negativo!”  Y por el contrario, con el objeto de cambiar la energía negativa colectiva en la que vivimos actualmente, te invito a que cada vez que te enteres de algo positivo, lo cuentes a cuantas personas puedas.  Te aseguro que el seguir esta regla tan sencilla nos ayudará a cambiar nuestro mundo.  No escuches las noticias.  Y no hables de ellas.  Después de los chismes, el rumor y la crítica, las malas  noticias son el siguiente tema de conversación entre la mayoría de las personas.

Te invito a que empieces a hablar sólo de cosas buenas.   Empieza a  poner tu atención en las historias buenas (que te aseguro existen y en gran número),  en lugar de competir con los demás para ver quien cuenta la historia más deprimente (acerca de alguien que fue asaltado, secuestrado, o está enfermo).  Toma la decisión de no participar más en ese tipo de conversaciones.  Trata de cambiar el tema, y si no es posible, cuando menos no participes.  El hablar de cosas negativas nos quita toda la energía que necesitamos para vivir una vida extraordinaria.  No contribuyas con tu energía negativa a un mundo negativo.  Cada gota de “negativo” se suma al mar de negatividad.  Deja de hacerlo.  Crece.  Enfócate en lo bueno en tu vida.  No sólo tú te sentirás mejor,  no sólo la gente a tu alrededor se sentirá mejor,  sino que el mundo será mejor.  Esta es una elección consciente que podemos y debemos hacer cada día.

Vive tu propia vida

“Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido”  George Eliot

Permíteme hacerte una pregunta:  ¿Estás viviendo tu vida de la manera en que realmente quieres vivirla?  Si tu respuesta es afirmativa, te felicito, porque entonces eres de las pocas personas que son verdaderamente exitosas y que tienen el control completo de su vida.  Pero si no es así, déjame decirte que formas parte de un grupo desafortunadamente muy grande de personas que están viviendo la vida que otros les están dictando.  Y ¿vale la pena vivir así?

Y lo que sucede es que, en lugar de vivir nuestra propia vida, terminamos viviendo la vida que los demás quieren para nosotros, y ¡ni siquiera somos conscientes de ello!  Por miedo a quedarnos solos, buscamos la aprobación de los demás (padres, hijos, esposos, novios, amigos, jefes, compañeros de escuela o de trabajo, maestros, vecinos, etc., etc.), y nos convertimos en una mezcla extraña de todo lo que los demás esperan de nosotros, lo cual está muy lejos de ser la vida que realmente deseamos vivir, nuestra propia vida.

No hay nada de malo en aceptar la opinión o consejos de los demás, si eso significa una mejoría en nuestras vidas.  No se trata de que nos rehusemos a escuchar las opiniones de los demás, porque eso nos estaría cerrando la puerta a la oportunidad de aprender, o de abrirnos a otros puntos de vista que podrían ser muy útiles.  Pero hay que tener cuidado de no caer en la trampa de una situación en la que te conviertes en el esclavo de las intenciones de los demás.  Sin duda, es tu vida y tienes todo el derecho de vivirla a tu manera, sin la influencia de los demás.  Date a ti mismo(a) la oportunidad de desarrollar tus cualidades creativas, libre de miedo y de presión.

La razón por la que no vives tu propia vida, es porque crees que entre mejor la gente se sienta acerca de tí, mejor te sentirás acerca de ti mismo(a), y que entre menos seas aprobado(a) por los demás, más solo(a) e inapropiado(a) te sentirás.  Esto ayuda a explicar por qué piensas que siempre tienes que agradar a los demás, y por qué al mismo tiempo estás resentido(a) con aquellos que sientes que debes agradar.  El tener la aprobación de los demás se ha convertido en un sistema extraño de vida en el que crees inconscientemente que no hay vida sin alguien que apruebe tu existencia.  Y justamente lo contrario es cierto.  Entre más dependes de otros para confirmarte a ti mismo(a), menos vida tienes.

Es nuestro miedo a quedarnos solos y  el querer tener la certeza de que estamos haciendo lo correcto, lo que nos empuja a buscar la aprobación de los demás. Pero el día que dejes de vivir buscando la aprobación de los demás, comenzarás a vivir realmente tu propia vida, libre de culpas y resentimientos.   Nadie a tu alrededor sospechará que ahora vives en una nueva clase de mundo interior, un mundo que siempre es en tus propios términos, porque tus términos y los términos de este nuevo mundo interior feliz nunca estarán en conflicto.  Habrás recuperado tu propia vida.

Esta necesidad de aprobación permea todas las áreas de nuestras vidas, nuestras relaciones en casa y en el trabajo, cómo gastamos nuestro dinero, la manera en que vestimos, la manera en la que nos relacionamos con extraños, hasta los alimentos que comemos y los lugares que frecuentamos.  Esta necesidad de agradar a los demás nos lleva a vivir vidas que en el fondo no nos satisfacen y a permanecer en relaciones que no nos hacen bien.  En casos extremos, esta necesidad de agradar a los demás nos puede causar enfermedades, pobreza y aún la muerte.

Cuando vivimos nuestra vida en base a lo que los demás piensan de nosotros, destruimos nuestro propio ser, nuestra esencia. Si enfocamos nuestra energía en agradar a los demás, no nos queda nada para crear nuestra propia vida.  Si, en nuestro esfuerzo de agradar, permitimos que las ideas de los demás controlen todo lo que hacemos, nuestra vida estará llena de constantes confusiones e insatisfacciones.

Es absolutamente imperativo que cada uno de nosotros aprenda a amarse a si mismo.  Cuando nos amamos, podemos ser sinceros con nosotros mismos y podemos escuchar lo que los otros dicen y decidir objetivamente si tiene algún valor o verdad para nosotros.  Esto libera nuestro propio potencial y nuestra capacidad de mejorar cada área de nuestra vida, de acuerdo a nuestros propios valores.  Por supuesto, el ser objetivo no es fácil, pero puede lograrse.  No debemos permitir que los demás reflejen sus propias inseguridades y miedos en nosotros.

Desde pequeños, aprendemos a vivir nuestra vida pensando que hay ciertas cosas que no debemos hacer porque “¿qué van a pensar los demás?”  También,  aprendemos que debemos agradar a los demás, aún a costa de nosotros mismos.  Esta negación de nuestro verdadero ser es tan fuerte, que nos olvidamos de lo que realmente somos.  Y así pasamos nuestras vidas suprimiendo nuestros propios deseos.  Pero ha llegado el momento de cambiar este patrón.  Cada vez que permites que tu vida sea manejada por los deseos de los demás, renuncias a ti mismo(a).

Recuerda que tú eres responsable de tu propia vida.  Después de todo, ¿quien más puede ser el experto en tu vida?  ¿Quien más puede decir lo que sientes y lo que quieres, lo que te hace feliz y sentirte vivo(a)?  Tú tienes, dentro de ti mismo(a), todas las respuestas, por eso es que debes aprender a hacerte cargo y tomar la responsabilidad completa de tu vida.  No hay otra persona, lugar, sistema, filosofía, iglesia u organización, que sepa más acerca de tí, que tú mismo(a).  Recuerda que tú estás a cargo de tu vida, y que tú puedes ser tu propio mejor amigo.  Tú eres la única autoridad en tu propia vida.  Eso no significa que no ames y apoyes a los demás o que no escuches lo que tengan que decir.  Acepta que puedes aprender de los demás.  Acepta que tienes el poder de crear tu vida exactamente en la manera que tú quieres.

Si has renunciado a lo que realmente quieres por temor a lo que van a pensar los demás, es tiempo de dejar de hacerlo.  Hay una fórmula sencilla que te permitirá vivir cualquier cosa que desees:  “Siempre y cuando aquello que hagas sea ético, siempre y cuando no quieras lastimar o quitarle algo a otra persona, entonces la vida que escojas es buena.”  Determina la vida que elegirías si no hubiera obstáculos.  No te preocupes si suena loco o si significa que tendrás que renunciar a cosas o a personas que están en tu vida ahora.  Sólo ten claridad con respecto a lo que quieres.

“No importa que tan lejos hayas llegado por el camino equivocado, en el momento en que te des cuenta, deténte y toma el camino correcto.”

Es muy probable que actualmente no estés viviendo la vida que tú elegirías.  Y también es muy probable que ni siquiera seas consciente de ello.  Las tradiciones y la presión de la sociedad, la familia y la religión, generalmente juegan un papel muy mportante en determinar cómo vives tu vida.  Mucha gente termina siguiendo el camino conocido de:  escuela, universidad, carrera, trabajo, matrimonio, hijos, jubilación, vejez,  enfermedad y muerte, sin siquiera considerar que hay otras opciones.  Las elecciones que hacemos, normalmente están limitadas por las tradiciones y lo que nos es familiar, y no es fácil rebelarse contra este patrón y forjar un camino propio.

¿Como te sientes hoy con tu vida?  ¿Estás viviendo cada día en plenitud?  ¿Amas lo que estás haciendo?  ¿Estás emocionado(a) cada momento de tu vida?  ¿Estás esperando con ilusión lo que viene después? ¿Estás viviendo tu mejor vida?

Si tu respuesta es:  no, quizás, o no estoy seguro(a), eso significa que no estás viviendo tu vida al máximo.  Lo cual no tiene que ser así, ya que tu experiencia de vida la creas tú.  ¿Por qué conformarte con menos de lo que puedes ser?  ¡Tú mereces nada menos que lo mejor!  ¡Mereces vivir una vida extraordinaria, llena de alegría, pasión y entusiasmo!  No te dejes llevar por tu pasado, tú puedes ser, hacer y tener todo lo que desees.  Deja de tratar de complacer a los demás o ser alguien más.  Es mejor ser la versión original de tí mismo(a), que un duplicado exacto de alguien más.  Deja de quejarte y no hacer nada.  Conócete a ti mismo(a).  Descubre lo que realmente quieres ser, hacer y tener.  No sigas al montón.  Vive en alineación con tu propósito.  Descubre tus valores, ellos son tu esencia.  Diseña tu vida ideal.  Deja de poner tu vida en espera.  Actúa.  Evalúa lo que estás haciendo actualmente y continúa haciéndolo sólo si tiene algún significado para tí.  No lo hagas sólo porque “todos lo hacen” o porque es lo que los demás esperan de tí.  Haz lo que te gusta hacer.  La vida es demasiado corta para desperdiciarla haciendo algo más.  Si algo no te gusta, no lo hagas.  Gasta tu tiempo y energía en cosas que te traigan alegría y satisfacción.  Descubre tu pasión en la vida.  ¿Que es lo que te enciende?  Si aún no lo sabes, haz tu primer objetivo el saberlo.  ¿Qué es lo que realmente te hace feliz?  ¿Cuál es tu propósito de vida?

Permanece abierto(a) a las críticas, pero no te dejes afectar por ellas.  Aprende de ellas.  Se positivo(a).  Cree en ti mismo(a) y en tus capacidades y talentos.   Deja ir las relaciones que no te sirven, la gente negativa, deshonesta, que no te respeta, que te hace sentir mal acerca de ti mismo(a) y que no te deja crecer.  Continúa aprendiendo siempre.  Siempre hay algo que aprender.  Aprende de tus errores y “fracasos”  Aprende cosas diferentes.  Sal de tu zona de comodidad, intenta hacer algo diferente a lo que normalmente haces.  Si vas a pasar tu tiempo haciendo algo, hazlo lo mejor que puedas.

No te conformes con menos que una vida extraordinaria.  No te conformes con un trabajo que no te gusta.  No te conformes con una relación que no te satisface.  No te conformes con amigos que te hacen sentir menos.  Ve por aquello que realmente quieres.  Abrete a nuevas ideas. No te limites.  Piensa siempre en posibilidades, no en limitaciones.  Y por favor, ¡no vivas tu vida en piloto automático!

Olvidamos quienes somos en verdad.  Y olvidamos también que todo es posible.  Todo lo que hemos soñado y querido es posible.  Solo es cuestión de tomar los pasos adecuados para lograrlo, y lo primero que tienes que hacer es definir qué es lo que quieres.  Para vivir tu mejor vida, primero tienes que identificar tus más grandes deseos, metas y sueños, cosas que te emocionan, que te hacen sentir vivo(a).

Por otra parte, además de la influencia de otras personas, es importante hacernos conscientes de que nuestras mentes están siendo bombardeadas diariamente con misiles de “información gratuita” a través de los medios electrónicos y escritos.  A menudo sin saberlo, estamos haciendo lo que otros quieren que hagamos.  Fíjate en la ropa que estás usando, en lo que comes, en los lugares que frecuentas, en las actividades que desarrollas, en lo que gastas tu dinero y tu tiempo y en cómo te comportas.  ¿Acaso no estás haciendo lo que otros te están diciendo? El seguir ciegamente a los demás, sin usar nuestra mente y nuestro sentido común, y sin considerar nuestros propios deseos, puede ser desastroso para nuestra vida.

Los seres humanos nos hemos convertido en meros robots en las manos de aquellos que tienen el control completo de nuestras vidas y nos están dirigiendo a través del control remoto de lo que llamamos “educación” e “información”.  Hemos perdido nuestra individualidad, nuestra creatividad.  Muy pocas personas son lo suficientemente fuertes para tomar el control de sus propias vidas, sin dejarse influenciar por otros, y son, sin lugar a dudas, las personas más poderosas en la Tierra.  Se necesita mucho valor, sabiduría y fuerza interior para vivir la vida en su totalidad, en su originalidad, y de una manera digna y ambiciosa.

¿Que harías si supieras que no puedes fracasar?  ¿Que harías si tuvieras recursos ilimitados?  ¡Cual es tu más grande sueño?  ¿Que quieres lograr en tu vida?  ¿Cuál sería tu vida ideal?  ¿Cuál sería una vida de la cual estarías orgulloso(a)?  ¿Cómo quieres vivir el resto de  tu propia vida?

“Tu tiempo es limitado, así que no lo desperdicies viviendo la vida de alguien más. No te quedes atrapado en el dogma, que es vivir con los resultados de la forma de pensar de otras personas. No dejes que el ruido de las opiniones de los demás, opaquen tu voz interior. Y lo más importante, ten el coraje de seguir a tu corazón y a tu intuición. Ellos saben, de alguna manera, en lo que en realidad deseas convertirte. Todo lo demás, es secundario.” Steve Jobs

Problemas u oportunidades

“Cada problema tiene en sus manos un regalo para ti”  Richard Bach

¿Tienes problemas? ¿Quien no?, me dirás.   Los problemas son parte de la vida.  Lo importante es la actitud con la cual los enfrentamos.  Recuerdo la historia de un hombre que en su lecho de muerte dijo:  “Siempre esperé a resolver todos mis problemas para poder disfrutar la vida, y hoy me doy cuenta que esos problemas eran mi vida, y que además la mayoría de ellos nunca fueron problemas”.  ¡No esperemos a estar en nuestro lecho de muerte para llegar a esta conclusión!  Te invito a que cambies tu actitud en relación con tus problemas, y a que disfrutes de la vida ahora.

Una definición de problema es:  discrepancia entre un estado actual y un estado deseado.   O sea que en teoría tenemos un problema cuando deseamos tener o ser algo, y no lo tenemos o no lo somos, o cuando somos o tenemos algo que no deseamos ser o tener.  O (y éste es el problema favorito de la mayoría de las personas), cuando las personas o las cosas no son como ellas quisieran que fueran, ¡que es casi siempre!  ¿Cuantas situaciones como ésta están presentes actualmente en tu vida?  ¿Cuántos problemas tienes?  ¿Muchos?  ¿Demasiados?  ¿Ya no puedes con ellos?  ¿Y qué estás haciendo para resolverlos?  ¿Lamentándote de tu “mala suerte”, de lo difícil que está todo?  ¿Buscando culpables en lugar de soluciones?

“No podemos resolver un problema usando la misma clase de pensamientos que tuvimos cuando los creamos”  Albert Einstein

Seamos realistas, siempre habrá “problemas” en nuestra vida.  A menos que estés muerto(a), te enfrentarás con lo que llamamos “problemas”, todos los días.  Los problemas son una señal de vida.  Así es que si tienes problemas, agradécelos, es señal de que estás vivo(a).

¿Y si los que llamamos “problemas”, no fueran problemas para nada, sino situaciones u oportunidades que nos enseñan cómo ir hacia adelante en nuestra vida?  Piensa en todas aquellas situaciones (problemas) del pasado, que en su momento parecieron tragedias.  Ve lo que significaron en términos de gente que conociste, o personas de quienes tuviste que separarte, o cambios que tuviste que hacer y que resultaron ser buenos.  ¿Qué habilidades tienes ahora que adquiriste gracias a ese problema?   Los problemas no son malos.  Shakespeare dijo “no hay nada bueno ni malo, el pensarlo es lo que lo hace así”  La siguiente ocasión que se te presente un problema, piensa que lo que te está sucediendo es en realidad un regalo, una oportunidad para crecer, para mejorar tu vida y la de los demás.  Los problemas te muestran tus creencias limitantes, tus actitudes negativas, tus pensamientos, sentimientos y comportamientos que no te están funcionando en tu vida.  A través de estas experiencias te puedes transformar en alguien mucho más grande.

“La manera en que vemos un problema es el verdadero problema.  Stephen R. Covey

Los problemas son oportunidades disfrazadas.  Todos tus problemas son problemas porque los ves como problemas, si los ves como oportunidades, entonces se convertirán en oportunidades.  Wayne Dyer dice:  “Cuando cambias la manera en la que ves las cosas, las cosas que ves cambian.”  Cuando se presente algún problema, pregúntate cómo puedes convertirlo en  oportunidad.  Además, los problemas nos dan la oportunidad de desarrollar nuestros talentos y habilidades.

¿Y cómo podemos descubrir la oportunidad que cada problema nos presenta?  Pues cambiando nuestra actitud, quitándole la etiqueta de “malo” a los problemas.  La mente humana es maravillosa, entre otras muchas cosas, porque siempre encuentra lo que busca.  Así es que si estás buscando problemas, no será difícil que los encuentres.  Por otra parte, si estás buscando oportunidades, eso es lo que encontrarás.

Y ¿cuál es entonces la diferencia entre un problema y una oportunidad?  Un problema es un obstáculo que hace que sea difícil lograr una meta, objetivo o propósito deseado.  Un problema existe cuando un individuo se hace consciente de que hay una diferencia entre lo que desea y lo que realmente es.  Por otra parte, una oportunidad es una circunstancia, o combinación de circunstancias, favorables, ventajosas o adecuadas para conseguir lo que deseamos.  Si nos fijamos solamente en estas definiciones, por supuesto que llegaremos a la conclusión de que los problemas y las oportunidades son dos cosas completamente diferentes, que no deseamos tener problemas y que por el contrario estaremos siempre en busca de las oportunidades.  ¿No es así?  ¿Y qué tal si pudiéramos ver nuestros problemas como oportunidades?

Por ejemplo, en medio de una crisis económica (“problema”), podríamos esperar que todas las personas fueran afectadas de la misma manera.  Pero entonces qué pasa con aquellas personas que en épocas de crisis económica es cuando más prosperan, cuando obtienen mejores resultados?  Seguramente conoces algún caso.  ¿Qué hace la diferencia?  Pues la diferencia está en cómo cada quien responde a las mismas circunstancias.  ¿Cómo respondes tú a los problemas?  ¿Eres creativo(a), o te desanimas fácilmente?  ¿Te conviertes inmediatamente en víctima de las circunstancias?  O ¿le buscas siempre el lado positivo a los “problemas”?

¿Qué puedes hacer para convertir cualquier problema en oportunidad?  Pregúntate:  ¿Qué tal si ésto estuviera sucediendo para mi bien y el de todos los involucrados?  ¿En donde está la oportunidad que la vida me está presentando mediante esta situación disfrazada de problema?  La mayoría de las personas lo primero que hacen cuando se les presenta un problema, es ponerse  en el papel de víctima.  Pero recuerda que las víctimas pierden todo su poder, lo entregan a los demás o a las circunstancias, y no pueden hacer absolutamente nada.  En lugar de ponerte en el papel de víctima,  pregúntate:  ¿Qué tal si lo que está sucediendo es para mi bien?  ¿Cómo podría ésto estar contibuyendo para mi bien?  ¿Qué cosa buena puede resultar de ésto?

Otra cosa que puedes preguntarte es:  ¿Qué oportunidades se me están presentando que antes no existían o que yo no podía ver?  Otra pregunta que puedes hacerte cuando se presente un problema es:   ¿Cuál es la creencia, emoción, comportamiento o hábito negativo que está ocasionando este “problema”?  ¿Cómo puedo cambiar mi actitud para transformar este “problema” en oportunidad?  ¿Qué es lo que puedo aprender de este problema?  Solo cambia tu enfoque.  En lugar de enfocarte en lo que está mal, busca la oportunidad escondida.

“Cuando una puerta se cierra (problema), otra se abre (oportunidad), pero a menudo nos quedamos tanto tiempo lamentándonos por la puerta que se cerró, que no vemos la otra puerta que se ha abierto para nosotros.

Algunas de las mejores oportunidades a menudo se originan por problemas, ya sea los propios o los de alguien más.  ¿Cuantas oportunidades dejamos ir en la vida?  Estamos tan metidos en nuestros “problemas”, que dejamos que las oportunidades se vayan.

Entiendo que cuando tenemos un problema, muchas veces es difícil cambiar nuestra actitud.  Siempre hemos reaccionado negativamente ante los problemas en el pasado, y no siempre es fácil tomar una actitud diferente.  Muchas veces sentimos que el problema es más grande que nuestra voluntad de comportarnos de una manera diferente.  Por eso, cada vez que te sientas agobiado(a) por un problema, cambia tu vibración afirmando lo siguiente:

-  Yo veo todos mis problemas como oportunidades invaluables de aprendizaje.

-  Ningún reto que pueda enfrentar es más grande que mi habilidad para resolverlo.

-  Esto también pasará.

-  Yo estoy bien, no importa lo que pase.  Todo está bien, no importa lo que pase.  Todos están bien, no importa lo que pase.

-  ¡No puedo esperar a ver la oportunidad que la vida me está presentando, disfrazada de este problema!

Cambia tus pensamientos y cambiarás lo que consideras como problemas.  El convertir problemas en oportunidades es una de las habilidades más importantes que puedes desarrollar.  Por otra parte, una de las cosas más negativas e inútiles que podemos hacer es usar nuestro tiempo en quejarnos acerca de nuestros problemas, en lugar de estar pensando en ellos como nuevas oportunidades.  Un problema es un problema solamente porque así lo pensamos.  Cuando algo no nos gusta, inmediatamente lo etiquetamos como problema.  Y ¿en realidad todos tus problemas son verdaderamente problemas?  Estoy de acuerdo en que a veces suceden cosas difíciles en la vida, como perder un trabajo, un divorcio, un accidente o una enfermedad grave, pero las situaciones simples de la vida diaria, no las etiquetemos como problemas.  ¡No nos ahoguemos en un vaso de agua!

La diferencia entre un problema y una oportunidad es lo que hacemos con cualquier circunstancia.  Toma una hoja de papel y dibuja una línea en medio.  Escribe “problemas” del lado izquierdo, y “oportunidades” del lado derecho.  Escribe tus problemas en la columna de la izquierda.   Y ahora ve a la columna de la derecha y escribe cómo cada problema podría ser en realidad una oportunidad.  Pregúntate qué nuevas capacidades te da tu “problema”, o si tal vez es una oportunidad  de cambiar viejos comportamientos o creencias que no te sirven.  O quizás es momento de cambiar esos hábitos que te están creando esos “problemas”.  Si no se te ocurre cómo cierto problema podría representar una oportunidad, pregúntate:  ¿Si acaso hubiera una oportunidad en este problema, cuál sería?  No te obsesiones con la respuesta.  Deja ir la pregunta, y en cualquier momento te llegará la respuesta.

Por otra parte, recuerda que la energía va a donde está tu atención.  Así es que si piensas en problemas, atraes más problemas.  Cuando piensas en soluciones, atraes respuestas.  Esto no será fácil al principio, pero con persistencia comenzarás a ver cambios.  Haz un cambio dramático en tu perspectiva, en como ves las cosas.  En lugar de preguntarte:  “¿Por qué a mí?  ¿Por qué siempre me sucede ésto a mí?  ¿Por qué todo me sale mal?  Preguntas que en general siempre quedan sin respuesta y no hacen otra cosa que hundirnos más en nuestras preocupaciones, cambia tu actitud y deja de concentrarte en el “problema”, cambiando tu atención a la oportunidad que seguramente está allí.  Y por favor, deja de lamentarte.

“En medio de cualquier dificultad, está la oportunidad.”  Albert Einstein

El valor de las emociones

“Tu intelecto puede confundirte, pero tus emociones nunca te mentirán.”  Roger Ebert

De todos los lenguajes que existen en el mundo, el más difícil de comunicar es el lenguaje de las emociones.  Uno de los más grandes retos de los seres humanos es el comunicar eficazmente lo que sienten.

¿Alguna vez has sentido que hay una bomba de tiempo en tu interior a punto de explotar en cualquier momento?  ¿O has sentido que un día puedes hacer una tarea ordinaria fácilmente, y otro día esa misma tarea parece algo increíblemente difícil?  ¿Alguna vez te has descubierto sintiéndote extrañamente ansioso(a), y teniendo comportamientos que no van de acuerdo contigo?  ¿O has sentido que dentro de tí hay dos o más enemigos que están luchando constantemente?  ¿Has experimentado noches de insomnio sin ninguna razón aparente?  ¿O has sentido que nadie te entiende, o peor aún, que tú mismo(a) no te entiendes?

Si te reconoces a tí mismo(a) en alguna de las situaciones anteriores, o simplemente sientes que tu vida no es lo que tú quisieras, considera la posibilidad de que podrías estar sufriendo síntomas ocasionados por emociones negativas no resueltas, reprimidas o suprimidas, quien sabe desde cuanto tiempo atrás.  Cuando las emociones negativas no son resueltas cuando se presentan, ellas permanecen vivas en tu campo energético, y afectan cada día de tu vida.  Y estas emociones son muy reales.  Son energías.  Estan vivas y te están afectando constantemente, y tarde o temprano tendrán que manifestarse.  Se harán visibles cuando menos las esperes, se harán aparentes en tu bienestar físico, a través de enfermedades, problemas en tus relaciones, o en tu salud emocional o mental, o en tu trabajo o tus finanzas, o ¡en todas las áreas de tu vida!!

Se estima que el 90 porciento de todos los problemas físicos, tienen su origen en problemas psicológicos.  Esto puede parecer una exageración, pero de hecho, muy probablemente es una estimación conservadora.  Hay evidencia cada vez más grande de que virtualmente todas las enfermedades, desde el acné hasta la artritis, desde los dolores de cabeza hasta las enfermedades del corazón, desde la gripa hasta el cancer, están influenciadas por nuestras emociones.”  La Guía Completa de tus Emociones y tu Salud por Emrika Padus

Una emoción es una combinación de pensamientos y sentimientos.  Normalmente usamos las palabras “emoción” y “sentimiento” indistintamente, pero en el sentido estricto de la palabra, una emoción es una combinación de pensamientos y sentimientos.  Todos conocemos el valor de nuestros pensamientos, ¿cierto?  Bueno, pues nuestros sentimientos son igual de valiosos.  El problema es que desde pequeños aprendimos a reprimirlos, a hacer lo que fuera necesario para no sentirlos y mucho menos expresarlos.  Aprendimos a “clausurar” el aspecto emocional de nuestro ser.  Fuimos programados para negar nuestras emociones, para enterrarlas.  Nos dijeron:  “¡Olvídalo!, “¡Ignóralo!”, “¡No importa!”,  “¡No es nada!”  “¡No hagas caso!”.  Pero, ¿qué crees?  que nada de eso sirvió.  El negar o ignorar nuestras emociones, no las hizo irse o desaparecer.  Por el contrario, se quedaron dentro, y las circunstancias en las que nos encontramos actualmente, en cualquier aspecto de nuestra vida, son la manifestación de aquellas emociones que se quedaron atrapadas.  Esas emociones determinan nuestros patrones de pensamiento, nuestras creencias, nuestros comportamientos, nuestras actitudes, nuestras reacciones emocionales y nuestras experiencias de vida.  Y el suprimir nuestras emociones se convirtió en un hábito difícil de romper, porque construímos una pared entre nosotros y nuestras verdaderas emociones.

Algunos comportamientos con los que intentamos evitar sentir las emociones, son:  comer en exceso, pretender que algo nunca sucedió, beber demasiado alcohol, tomar drogas o tranquilizantes, hacer ejercicio compulsivamente, trabajar demasiado, ver demasiada televisión, para estar todo el tiempo ocupados, como una manera de distraerse.

Las emociones son la principal fuente de nuestro poder, nos hacen sentir vivo(a)s y le dan color a nuestro mundo.  ¡Imagínate una vida sin emociones!  Las emociones son un regalo.  ¿Y qué causa nuestras emociones?  Nuestras emociones son causadas por la interpretación que le damos a los eventos o circunstancias en nuestra vida, lo cual produce una reacción fisiológica.  Nuestras emociones determinan cómo nos sentimos y cómo nos comportamos.  Generalmente reprimimos nuestras emociones porque hemos aprendido que son malas y que tenemos que negarlas, que si las expresamos, vamos a demostrar que somos débiles, y los demás se pueden burlar o aprovechar de nosotros, o que nos pueden juzgar como “malos”.  Estas emociones reprimidas permanecen en nuestros cuerpos hasta que aprendemos a liberarlas, si es que alguna vez lo hacemos.  La mayoría de las personas nunca aprenden a dejarlas ir.

Y las emociones pueden ser buenas o positivas, y malas o negativas.  Las emociones buenas son las que nos hacen sentir bien, y las emociones malas son las que nos hacen sentir mal.   ¡Obvio! ¿No es así?  ¿Y qué tal si no fuera así?  ¿Qué tal si todas las emociones tuvieran un aspecto bueno o positivo?  Considera ésto:  Todas las emociones tienen un valor, aunque no siempre lo veamos así.  Aún esa emoción tan “mala” tiene un regalo para tí.  Cualquier emoción se convierte en positiva cuando es expresada, o en negativa cuando no es expresada.  Esa es en realidad la diferencia entre las emociones buenas y malas.  O sea que tú determinas si una emoción se convierte en positiva o en negativa.  Aún el amor, cuando no se expresa, se convierte en negativo y destructivo, mientras que el miedo y el enojo, cuando se expresan apropiadamente, se convierten en positivos y constructivos.  Y nosotros tenemos siempre el poder de elegir si expresamos o reprimimos nuestras emociones.  Para expresar una emoción sanamente, debes sentirla completamente primero, y luego dejarla ir.  No existen emociones malas, lo que existe es un manejo inapropiado de ellas.  Las emociones, por ellas mismas, no son malas.  El aferrarnos a ellas es lo que es malo.  Las emociones se convierten en malas cuando no las dejamos ir.  Debemos entender que nuestras emociones no son ni buenas ni malas, y aprender a reconocerlas, sentirlas y dejarlas ir.

¿Y por qué digo que las emociones “malas” pueden ser en realidad “buenas”?  Porque las emociones dolorosas nos pueden servir como una señal que nos muestra hacia donde debemos dirigirnos y lo que debemos evitar.  Nuestras emociones sirven como un sistema de retroalimentación, dejándonos saber el grado de equilibrio que tenemos en nuestra vida.  Las emociones nos dejan saber si nuestra vida está funcionando o no, y nos ofrecen una señal de advertencia, y en base a ese mensaje, podemos actuar.

¿Alguna vez has dicho:  “Mi esposo(a) me hizo enojar”, “tal situación me hace sentir triste”, “fulanito de tal me puso de mal humor”?   Te puedo asegurar que sí, y que muy frecuentemente.  Estas declaraciones son muy comunes.  Pero si te detienes y piensas en tales declaraciones, te darás cuenta que son bastante ridículas, y por supuesto que no son ciertas.  El hecho es que nada ni nadie puede hacerte sentir ninguna emoción que tú no elijas sentir.  Las cosas que te suceden no determinan realmente las emociones que sientes.  Mientras que puedes no tener control sobre todos los eventos o circunstancias que afectan tu vida, sí tienes la capacidad de elegir cómo piensas, sientes y actúas.  No importa lo que suceda, tú siempre eliges las emociones que sientes.

La mayoría de las personas, involuntaria e inconscientemente, se convierten en víctimas de sus propias emociones, y pueden no creer que tienen el control de cómo se sienten.  Las emociones negativas surgen tan rápidamente, que puede parecer que no hay tiempo de elegir una emoción diferente a la emoción natural reactiva.  Si se te hace tarde para una cita, automáticamente te sientes ansioso(a).  Si alguien te trata mal, automáticamente te sientes molesto(a).  Cuando alguien te insulta o se aprovecha de tí, te puedes sentir inmediatamente resentido(a) o enojado(a).  A todos nos suceden cosas desagradables de vez en cuando, y a menos que tomes el control de tus emociones, simplemente reaccionarás ante esas situaciones.  Si te permites a ti mismo(a) reaccionar, tu subconsciente te ofrecerá emociones negativas, basado en las emociones que has elegido en circunstancias similares en el pasado.

Aunque puede ser que siempre hayas respondido de cierta manera negativa en una determinada situación, tus respuestas negativas del pasado no tienen que repetirse en el presente o en el futuro.  Tu puedes elegir cada vez que enfrentas algo negativo.  Puedes elegir reaccionar como siempre has reaccionado, o puedes elegir diferente.  El pasado no tiene que ser igual al futuro.  La realidad acerca de las emociones es que tú siempre las eliges.  Tu siempre eliges cómo sentirte.  Siempre.  El hacerte consciente de ésto te dará mucho poder.  Tú eres el autor de tus propias experiencias emocionales.  Puedes elegir cual emoción quieres sentir en cualquier situación que enfrentes.  Se necesita práctica, y no siempre es fácil, pero puede hacerse.  Sólo necesitas decidirlo y comprometerte contigo mismo(a).  La próxima vez que te encuentres a ti mismo(a) sintiendo una emoción que no te hace sentir bien, deténte y piensa acerca del proceso por el que atravesaste para llegar a esa emoción.  Pudiera parecer como que la emoción te escogió a tí, pero en realidad tú la escogiste a ella.

El hacer una elección consciente en lugar de permitir que tus viejos patrones subconscientes te manejen, es elegir evolucionar y crecer.  Deténte y piensa antes de permitir una respuesta automática, que no siempre es la más conveniente.  La próxima vez que te enfrentes a una situación negativa, no simplemente reacciones.  Busca el lado positivo de la situación.  En lugar de sentir enojo o impaciencia, elige sentir aceptación, comprensión, compasión o paciencia.  ¡Inténtalo!  Te aseguro que tendrás resultados mágicos.

En el libro “El hombre en busca de sentido”, Victor Frankl habla de la importancia de elegir nuestras propias emociones, en lugar de permitir que la negatividad te atrape.  El Dr. Frankl era un psicólogo que fue enviado a un campo de concentración por los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial.  Como estudiante del comportamiento humano, el Dr. Frankl comenzó naturalmente a observar a la gente a su alrededor, sus reacciones a los horrores que vivían, y observó que variaban enormemente.  El Dr. Frankl encontró que aquellas personas que elegían la emoción de desesperanza, y que simplemente se rendían, no sobrevívian durante mucho tiempo.  Y para su sorpresa, encontró que en medio de aquella situación tan terrible, había algunos individuos que escogían emociones de amor y esperanza.  El escribió:  “Los que vivimos en aquellos campos de concentración recordamos que había hombres que confortaban a los demás, dándoles hasta su último pedazo de pan.  Pudieron haber sido pocos en número, pero ofrecieron suficiente prueba de que todo puede serle arrebatado a un hombre, menos una cosa, la última de las libertades humanas – la de elegir la propia actitud ante cualquier circunstancia, la de elegir su propio camino.”

Debemos ser conscientes que las emociones se almacenan en nuestro cuerpo.   Cuando bloqueamos nuestras emociones, no las sentimos o nos aferramos a ellas, estamos dañando nuestra salud física, mental, emocional y espiritual.  ¿Has notado alguna vez cómo reacciona tu cuerpo cuando te sientes estresado(a)?  Si no lo has notado, comienza a prestar atención.  Investigaciones han demostrado que las emociones causan cambios en la bioquímica del cuerpo.  Estos cambios bioquímicos representan el aspecto físico o material de la emoción.

Las emociones afectan nuestra vida en general.  A la capacidad de reconocer y manejar positivamente las emociones, se le conoce como inteligencia emocional.  Es la habilidad de identificar nuestras emociones, entenderlas y usarlas de manera saludable.  El manejar nuestras emociones es la clave para vivir una vida extraordinaria.  Cuando aprendemos a manejar nuestras emociones, identificamos su origen, nos hacemos conscientes de cómo nuestros cuerpos responden ante las diferentes emociones, y elegimos diferentes maneras para expresarlas sanamente.  Además, tomamos la responsabilidad de nuestras emociones, diciendo:  “me siento enojado”, en lugar de “tú me hiciste enojar”.  Antes de tomar decisiones, aclaramos nuestras emociones.  Respetamos las emociones de los demás y las nuestras.

Las emociones son un regalo, no algo de lo que tengamos que avergonzarnos y que tengamos que esconder.  Las emociones hacen que la vida valga la pena vivirla, y necesitan ser expresadas adecuadamente.  Las emociones son una lente a través de la cual vemos nuestro mundo.   A través de unos lentes de enojo, vemos un mundo enojado.  A través de unos lentes de miedo, vemos un mundo que nos asusta.  Cuando creamos un ambiente de emociones no resueltas a nuestro alrededor, ésto afecta nuestra percepción del mundo.  No importa que tan maravillosas sean las cosas, si estamos envueltos en una nube de amargura, nos sentiremos amargados.

Las emociones no solo nos ayudan a percibir la realidad, sino que nos ayudan a crearla.  Las emociones son la materia prima de la vida.  ¿Alguna vez has escuchado que los pensamientos son cosas?  Hay mucha verdad en esa declaración, pero no sólamente los pensamientos son cosas, también las emociones lo son.  Cuando las emociones se sienten, se expresan adecuadamente y se dejan ir, eso nos da poder.  Así como el pensar nuestros pensamientos nos da poder, el sentir nuestras emociones también nos da poder.  Cuando reprimimos nuestras emociones, y confiamos sólo en nuestro pensamiento, cortamos nuestro poder a la mitad.  Acepta tus emociones, siéntelas y ellas se irán automáticamente después de que las hayas sentido.  Si en lugar de sentirlas, las analizas, las juzgas, las justificas, las interpretas, entonces se quedarán atrapadas.

Entre más sientas tus emociones, más vivo(a) te sentirás.  ¿Qué tan vivo(a) te sientes?  Está relacionado directamente con la expresión y liberación de tus emociones.  Eso es parte del valor de tus emociones.  Las emociones son esenciales para la vida.  No podríamos vivir sin ellas, aún cuando mucha gente trata de hacerlo.  La clave está en sentir tus emociones sin contarte a ti mismo(a) una historia acerca de lo que ellas significan.  Simplemente siéntelas.   Necesitamos nuestras emociones para crecer y ser mejores.  Entre más valores tus emociones, más te valorarás a ti mismo(a).

Nuestras experiencias de vida son realmente una proyección de nuestro propio estado mental y emocional.  Creo que es tiempo de que la humanidad deje de negar el origen de sus problemas, acepte su responsabilidad por ellos y por los sentimientos y pensamientos que los crearon, lo cual le dará la paz interior que tan desesperadamente necesita.

¿Y cómo hacerte responsable de tus pensamientos y tus emociones?  Comienza por hacerte consciente de lo que estás pensando y de lo que estás sintiendo.  Mientras no seas consciente de ello, serás como un viajero sin dirección, sin sentido.  Al aceptar la responsabilidad de tus propias emociones, estarás creando tu propia paz interior.  ¡La elección es tuya!

¡Ya no seas una víctima!

“Siempre que pienses que la causa de tu problema está “allá afuera”, siempre que pienses que algo o alguien es responsable de tu sufrimiento, no habrá esperanza.”.  Byron Katie

¿Te consideras a tí mismo(a) una víctima, ya sea de las circunstancias, de la economía, del gobierno, de tus genes o de tu suerte? ¿O de los demás, ya sea de tus padres, tu esposo(a), tu novio(a), tu jefe(a), tus compañero(a)s de trabajo, etc.?  ¿No?  ¡Piénsalo bien!  La realidad es que la mayoría de las personas se ha sentido o se siente víctima de algo o de alguien.  Encontré esta definición de “víctima” en un diccionario:  “Persona que pierde el control sobre su propia vida, dejando ésta en manos de otro”.  ¡Suena fuerte!, ¿no?

¿Alguna vez has sentido que no puedes tener éxito, no importa lo que hagas, porque todo y todos están en tu contra?  Cuando vives en este estado, vives en un estado de miedo paralizante.  Si es así, debes hacer algo inmediatamente.  Cuando finalmente dejas el papel de víctima, es como si te quitaras un enorme peso de encima, que has venido cargando durante mucho tiempo.  No puedes ser víctima y ser exitoso(a) al mismo tiempo.  Si te sientes víctima y eso es lo que le andas contando a todo el mundo, eso es lo que continuarás recreando en tu vida.  Rechazarás el amor, la felicidad, atraerás enfermedades y fracasos y sabotearás cualquier éxito en tu vida.  El problema es que cuentas tan bien y tantas veces tu historia de víctima a todos a tu alrededor, que terminas perpetuando tu papel de víctima.

La buena noticia es que permanecer siendo víctima es tu elección.  Pregúntate:   El seguir siendo víctima ¿me está acercando o alejando de lo que realmente quiero?  Si te está alejando, entonces estás pagando un precio muy alto por aferrarte a tu estado de víctima.  Ahora es el momento de dejarlo ir y moverte hacia un estado más elevado de consciencia. Comienza por dejar de contar tu historia o historias.   Cada vez que cuentas o te cuentas la historia, la estás recreando y perpetuando.  El repetirla una y otra vez, se lleva toda tu energía, y no te deja nada para crear lo que realmente quieres en tu vida.

¿Estás dispuesto(a) a dejar ir tus historias de víctima?  ¿Estás dispuesto(a) a que tus terribles victimarios se queden sin el castigo que según tú les estás dando al seguirte sintiendo víctima?  ¿Estás dispuesto(a) a terminar con todo ésto?  Considera que eres libre de decidir continuar sufriendo o detener tu sufrimiento.  Nadie más que tú lo puede decidir.  Ahí es en donde reside tu poder y tu libertad.  Cuando escoges conscientemente dejar ir tu sufrimiento, eres libre.  La esclavitud de la víctima reside en pensar que no tiene elección.  Pero recuerda que siempre podemos elegir.  Puedes elegir ser libre o continuar sufriendo.  ¡Es tu elección!

Y ¿cuándo te conviertes en víctima?  Cuando te rehusas a aceptar la responsabilidad de lo que te pasa en cualquier área de tu vida.  Y cuando te conviertes en víctima, de lo que sea o de quien sea, aunque sea inconscientemente, como sucede la mayoría de las veces, creas entonces emociones de enojo, miedo, culpa, frustración, resentimiento, tristeza e impotencia, entre otras, que convierten tu vida en algo muy distinto a la vida extraordinaria que mereces vivir.  El culpar y criticar son señales de que estás jugando el papel de víctima.  En cuanto culpas a alguien de algo, te estás convirtiendo automáticamente en la víctima.  Otra señal es la infelicidad crónica.  Pregúntate:  ¿Soy realmente feliz?

La mentalidad de víctima es la tendencia a culpar a los demás y a factores externos, de las circunstancias que no nos gustan en nuestra vida, en lugar de enfocarnos en los factores internos sobre los cuales sí tenemos control.  Lo malo de esta mentalidad es que te impide encontrar la solución a tus problemas.  Cuando culpas a factores externos y sobre los cuales no tienes ningún control, (y nunca tienes control sobre nada ni nadie que no seas tú mismo(a)), te pones a tí mismo(a) en una posición en la que no puedes hacer nada para eliminar el problema, en otras palabras, estás renunciando a tu poder.

Entonces, el primer paso para dejar de ser víctimas y tomar el control de nuestra vida, es hacernos conscientes de que estamos cayendo en ese patrón, y entonces estaremos en posición de hacer algo al respecto, empezando por tomar una elección diferente, y tomar la responsabilidad de nuestra vida al 100%.  ¡Sí!  Al 100%.  ¡No hay excepciones!  Recuerda que siempre tenemos la opción de ver las cosas de distinta manera, de dejar ir nuestros pensamientos negativos y nuestras creencias limitantes, y principalmente nuestro pasado.  ¿Por cuanto tiempo has vivido en el papel de víctima por algo que sucedió hace mucho tiempo?  En este caso, eres más víctima de tí mismo(a), que de tu propio victimario, ¿no lo crees así?  El segundo paso es dejar de culpar a los demás por lo que te sucede.  Cuando te encuentres en alguna situación que no te gusta, no comiences a culpar a los demás, ni a tí mismo(a).  Eso es lo que hacen las víctimas, y tú ya no quieres serlo.  Tu propósito es solucionar el problema y eso no ayuda en nada

¿Sientes lástima de tí mismo(a)?  ¿Crees que todo el mundo está en tu contra?  ¿Piensas que no hay nada que puedas hacer para transformar tu vida?  ¿Siempre estás buscando culpar a algo o a alguien de todo lo que sucede o no sucede en tu vida?  Si es así, estás viviendo la película de tu vida desempeñando el papel de víctima, y pagando un precio muy alto por ello.  Estás renunciando a vivir la vida extraordinaria que mereces.  El vivir como víctima es como si siempre permitieras que alguien más manejara tu automóvil, y tú siempre fueras en el asiento del pasajero, yendo siempre a donde el conductor quiere llevarte, no a donde tú quieres ir.  ¡Pero nunca es tarde para cambiar este patrón!  Sólo tienes que tomar la decisión y hacerlo.  No será muy fácil, ya que la mayoría de las personas son adictas a las emociones que genera el sentirse víctima.  Pero si decides hacerlo, y te comprometes contigo mismo(a), eso te dará el poder necesario para lograrlo.

Uno de los aparentes “beneficios” de ser víctima es el obtener la atención de los demás.  Pero considera que de esta manera sólo puedes atraer la atención de los demás de manera temporal, ya que los demás tienden a cansarse.  Otra de las “ventajas” de ser víctima es que no tienes que actuar, y de esta manera no te arriesgas al rechazo o al fracaso.  El tomar la responsabilidad de tu propia vida a veces puede parecer duro, ya que tienes que tomar decisiones y actuar, y arriesgarte.  Increíblemente, ¡hay personas que se sienten bien siendo víctimas!  No se han dado cuenta que hay otra manera de vivir.  De alguna manera, puede parecer más fácil no tomar la responsabilidad de tu vida, dejarla en las manos de los demás.  Puedes decidir evitar el riesgo y el trabajo duro y seguir sintiéndote víctima.  Pero también puedes decidir tomar el control de tu vida, no importa la edad que tengas.  ¡Pásate de inmediato al asiento del conductor y toma el control de tu vida!

“No importa que tan lejos hayas llegado por el camino equivocado, en cuanto te des cuenta, regrésate.”

Cuando te sientas víctima, en lugar de preguntarte ¿por qué? o ¿por qué a mí?, que son las preguntas clásicas de la víctima, pregúntate:  ¿Cuál es la oportunidad en esta situación?  ¿Qué puedo hacer diferente para transformar esta situación?  Las respuestas a estas preguntas te ayudarán a salir del papel de víctima y a enfocarte en cómo puedes cambiar la situación, resolver el problema, u obtener algo bueno de la situación actual.

Por otra parte, mientras no perdones a aquellos que “te hicieron aquello tan malo e imperdonable”, no podrás dejar tu papel de víctima.  ¡Es imposible!  Tus pensamientos te ligarán siempre a esa persona y a lo que te hizo, una y otra vez.  Cuando dejas ir “aquello que te hicieron”, te estás liberando a tí mismo(a) del papel de víctima.

Otra cosa interesante es que entre más pienses y actúes como víctima, más serás victimizado.  Seguirás atrayendo situaciones y personas que te pongan en el papel de víctima.  Además, se nos ha enseñado que es aceptable ser víctimas, y ésto nos ha hecho mucho daño.

A todos nos suceden cosas que no nos gustan, pero lo que hacemos con ello es lo que nos convierte en víctimas o en maestros.  Esas experiencias nos deben servir como lecciones de vida, para que en el futuro sepamos qué hacer y qué no hacer cuando se nos presente una situación similar.

Puedes elegir seguir siendo víctima o elegir tomar el otro camino, el que te llevará a donde realmente quieres ir, y no a donde los demás te han querido llevar, y tú lo has permitido.  Para cambiar la mentalidad de víctima tienes que renunciar a los “beneficios” que hasta ahora te ha traído ese rol.  Al principio sentirás un vacío.  Recuerda que existe la adicción a ser víctima.  Si antes te pasabas horas pensando y hablando de lo mal que estaban las cosas en tu vida y lo que tu esposo(a), jefe(a), hijo(a), novio(a), padre o madre te hizo, ahora tal vez no tendrás nada de que hablar, pero es preferible.  Tu nuevo papel puede resultar incómodo, ya que no te es familiar.  Has sido víctima tal vez durante toda tu vida.  Sé paciente y tolerante contigo mismo(a).  Habrá días que no lo lograrás.  No importa, está bien.  Lo importante es que ya decidiste tomar un camino diferente.  Poco a poco lo irás logrando y el esfuerzo habrá valido la pena.  Inténtalo.  Te sentirás mucho mejor contigo mismo(a).  ¡Empieza hoy!  Tú eres el(la) escritor(a), el(la) director(a) y el actor/actriz principal de la película de tu vida.  ¡Tú puedes cambiar tu historia!

“Si siempre es culpa de alguien más, no nos podemos hacer responsables.  Si no nos hacemos responsables, siempre seremos víctimas.”  Richard Bach